Del Derecho El El Jurista Simulador Y

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By: Admin | Date: November 11, 2011 | Categories:

Del Derecho El El Jurista Simulador Y

Many works have attempted to define feudalism and its origins. In fact, it has been the subject most debated upon by social and legal historians. No definite answer has yet been given. However, the closest explanation to its origins seems to have been from a military necessity. From the need to reform the army around a new technology - the stirrup - the social order of Europe was transformed.

Military Theory of Feudalism:

It was the German historian Heinrich Brunner who first forwarded the idea that feudalism was essentially a military organisation created to support the use of cavalry in the armies. He based this theory on two factors, the change of emphasis amongst the Franks to a more cavalry focused army and the confiscation of Church lands by Charles Martel.

As to the first point, he noticed that when Charles Martel fought against the Muslims at the battle of Poitiers, 733, his army comprised mostly of infantry, as had previously been the case. However, at the battle of Dyle in 891, a source claims that the Franks were unaccustomed to fighting on foot. Brunner argued that it was the use of cavalry by the Muslims at Poitiers that led the Franks to drastically alter their style of combat to a more focused use of cavalry.

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PALABRAS DEL DOCTOR JORGE ENRIQUE VALENCIA MARTÍNEZ ANTE EL H. TRIBUNAL SUPERIOR DE CALI.

(Reconstruidas en lo posible).

Fotografía en la página 495 del libro.

Ver "Páginas autobiográficas" más adelante.

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Mis primeras palabras para presentar un cordial y afectuoso saludo a quienes hoy nos acompañan en este acto de desprendimiento y generosidad, para evocar -con el alma cargada de dulces y tiernas reminiscencias-, los nombres, las enseñanzas, el apostolado y la majestad de los Altos Jueces -casi todos muertos, pero cuyos despojos dan reputación y fama al terruño, más allá de los misterios del sepulcro-, que se adentraron en el corazón y en nuestros sentimientos y que orientaron en gran parte la vida intelectual de mi generación, sin asomos de rencores ni dogmatismos, por ninguno de sus flancos. ¡Honor a su memoria!

Magistrados, Ex Magistrados, jueces, fiscales, profesores, académicos, colegas, escritores, políticos, historiadores, condiscípulos, discípulos, amigos entrañables y viejos conocidos, estamos aquí reunidos, con harto harto calor humano, para enaltecer los méritos y servicios de quienes con el emblema de la raza y el linaje del patrimonio espiritual, formaron el tejido de su vida pública. Hay que obligar al tiempo, y a las crónicas y tradiciones de la comarca, a que se paren y contengan para traer ante nosotros las actuaciones limpias y francas de aquellos señores, y para mostrar por siempre, el rectorado de su conciencia. El pasado vive y nos acompaña hoy, desde este día.

El retiro forzoso de la jornada con sus tristes inviernos –los años pesan y pasan inexorablemente en esta vida mortal-, nos permite mirar hacia atrás y retener con exaltación y sentido, la trayectoria de los letrados que llenos de sabiduría, cultura y valor civil, honraron la toga, activando su llama por la aplicación de una justicia recta y oportuna sin haber faltado nunca a su juramento, sin rectificación de nadie. Un espacio brillante y admirable por formar merecimiento y prestigio.

He querido buscar en los viejos cofres del recuerdo -y no me ha sido fácil su localización por razones que a todos alcanza-, las lecturas jurídicas y literarias de aquellos juristas que nos pertenecen y que proyectaron en sus proveimientos y sentencias, a más de otros menesteres académicos, la fuerza de sus conocimientos y la defensa de sus ideales. Recuperamos un valioso y relevante material próximo a caer en definitivo olvido, conducta que otros deberán seguir, con consagración persistente, para ensalzar, a los suyos, que también lo merecen. Un breve retrato de estos magistrados a quienes conocemos en letras y en espíritu dirá a las generaciones actuales y a las que nos sucederán, con la verdad del acento, que el Valle del Cauca, con excepción mía, por supuesto, dio a la República, jurisperitos del mayor crédito por su dignidad, talante, erudición, riqueza y por el contenido de sus documentos y doctrinas. Apenas acierta el pensamiento al exponer estas ideas, que solo dejo apuntadas.

Traemos, pues, hoy a los hermanos del Valle del Cauca, con la plenitud de la expresión y de la fibra, en voz alta, sin pecado de presunción, y con el orgullo y entono del fuego que nos inculcaron los mayores, el ejemplo de todas estas personalidades, para que la gente del país vallecaucano digan y repitan con altivez, con la verdad del valor y el respeto: bienvenidos, hijos míos ¡cumplieron con su compromiso sagrado! Es todo.

Evoco pues, con alegría y contento, los nombre y la obra de los 18 jurisconsultos del Valle del Cauca que en un periodo de cien años ocuparon, con decoro y hombría de bien, con prez y dignidad, con firmeza y arraigo en sus convicciones, sin versatilidad ninguna -como la roca sólida e inconmovible en medio de las olas y las tempestades-, los sillones de la magistratura de la Corte Suprema de Justicia. Varones que han pasado de un periodo a otro pulsando a un mismo tiempo las campanas de la justicia y los trazados de la entereza, sin claudicaciones, oportunismos, ni conveniencias. Y en esto nos hemos entendido admirablemente bien quienes estamos marcados por la común unidad del suelo y las costumbres, y por el calor natural, muy propio, y por el modo de ser de un pueblo que siempre anda con la frente erguida y levantada en armonía con su idiosincrasia, herencia y entraña vital, sin extravíos, pretextos, ni ánimos medrosos, y por ello, somos acreedores al respeto y consideración de los demás. Los vallecaucanos -aquí y en todas partes-, no aceptamos la jurisdicción de nadie sino la de nosotros mismos, mientras observemos, claro está, los principios de la gravedad, decencia, y señorío, atributos que constituyen nuestro principal y casi único culto. El prestigio del mármol y el plinto de las estatuas no van con nosotros. Y esto lo dice quien sabe de estas cosas y las sabe bien.

Aquí estamos, pues, con hilos de luces y cadenas de ilusiones que inspiran hechos y realidades de bondad y de color, los espíritus románticos y sentimentales -casi siempre los mismos-, para recordarle a Colombia que nuestro departamento, también tiene lo suyo, y que no solamente en la ciencia del derecho sino en otros quehaceres y profesiones, hay individuos, hombres y mujeres, que dieron gloria y realce a las tribunas del Congreso, a la Asamblea del Valle del Cauca, al Concejo de Cali, pero también a la política -por cumplir con lealtad y rectitud sus deberes ante su partido y ante el pueblo que los eligió-, a la medicina, a la ingeniería, a la arquitectura, a las matemáticas, al comercio, a la economía, a la milicia, a la educación, a la literatura y sus bellas letras, a las humanidades, a las musas, al teatro, a la filosofía, al periodismo, a la oratoria sagrada. Y lo que es más importante y representativo, a la libertad, a la tolerancia, a la paz, y a la defensa del evangelio social y sus nobles ideales, que aseguran el progreso y el bienestar colectivo, como pensaría el pontífice León XIII, un apóstol auténtico y probado de la revolución social. Y todo al servicio de la patria que debe marchar por las vías del progreso y la solidaridad acorde con las exigencias del momento y a los dramáticos conflictos de la época. Todavía vivo para decirlo.

Bien quisiera yo referirme minuciosamente a estas cosas y a otras más apasionadas y sentidas, que plantean el presente y el porvenir. Lastimosamente la tiranía del tiempo… puntos suspensivos.

Entonces y para no perder el norte de mi intervención: la razón de ser de este libro y de este acto se proyectan, porque el sentimiento es lo esencial, en….

UN GRANDE Y EMOCIONADO HOMENAJE DE LA ACADEMIA COLOMBIANA DE JURISPRUDENCIA A LOS JURISTAS DEL VALLE DEL CAUCA QUE FUERON MAGISTRADOS DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA CON MOTIVO DE CUMPLIRSE 100 AÑOS DE SU CREACIÓN COMO DEPARTAMENTO (1910-2010)

Aquí sus nombres: Excúsenme la sequedad de las fechas y los aspectos del detalle. Lo de fondo -con el especial reconocimiento a sus trabajos científicos, títulos de honor, entrega al mundo universitario, fe por la verdad y la justicia, a más de su modestia y discreción que hicieron de ellos maestros por su sapiencia y caballeros por su conducta -está en el libro. Resulta útil y provechosa su lectura, por su prosa jurídica decantada y reflexiva, y su apego a las disciplinas clásicas, esmaltadas por un celo de justicia ardiente y venerable, alcanzando el derecho sus definiciones más exactas y precisas. A buen seguro que no habrá de resultar infructuoso el deletreo de esas páginas, porque hay mucho del deber y del carácter. ¡Bendito sea!

Luis Felipe Rosales Gutiérrez: Nació en Toro el 14 de marzo de 1871 y murió en Cali en julio de 1955. Doctor en Derecho y Ciencias Penales de la Universidad Republicana. Magistrado del H. Tribunal Superior de Cali. Magistrado de la Sala de Negocios Generales de la Corte Suprema de Justicia (1922-1931). Gobernador del Departamento del Valle (16 de noviembre de 1933 al 28 de agosto de 1934). Congresista. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia (1915).

Jenaro Cruz Victoria: Vino al mundo en Tulúa en 1880 y murió en 1950. Alcanzó su título profesional en la Universidad Libre de Bogotá. Magistrado del H. Tribunal Superior de Buga (1914-1926). Rector del Gimnasio Pacífico (1937). Concejal y Presidente del Concejo de Tulúa. Diputado de la Asamblea del Valle del Cauca. Magistrado de la Sala Plena y Civil de la Corte Suprema de Justicia (1934).

Absalón Fernández de Soto: Nació en Tulúa en 1891 y murió en Buga en 1964. Abogado de la Universidad Externado de Colombia (1919). Concejal de Tulúa y Diputado a la Asamblea del Valle del Cauca. Diplomático. Ministro de Gobierno. Gobernador del Valle del Cauca en distintas oportunidades (1944 a 1945; 1974; 1958 a 1959). Procurador General de la Nación (1936-1937). Magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, (1940-1942).

Salvador Iglesias Baños: Nació en Cali y murió en Bogotá el 19 de diciembre de 1941. Doctor en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia (1910). Presidente del Senado de la República (1919). Representante a la Cámara, Concejal de Cali y Diputado a la Asamblea del Valle del Cauca. Magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1935-1940). Presidente de la misma Corporación (1940). Miembro de Número de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

Ricardo Jordán Jiménez: Vio la luz en Santiago de Cali el 15 de enero de 1898 y falleció en Italia en 1979. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia (1924). Personero Municipal de Cali. Juez Civil y Penal del Circuito de Cali. Magistrado de la Sala Penal del H. Tribunal Superior de Cali. Magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia en tres oportunidades (entre 1944 y 1958). Registrador Nacional del Estado Civil (1963-1973). Miembro de Número de la Academia Colombiana de Jurisprudencia (1973). Profesor titular de Derecho Penal en las Universidades Nacional y Externado de Colombia. El lenguaje escrito fue su fuerte. Con exquisitez y arte, labraba sus fallos y sentencias, con especial donosura y excelencia literaria. Qué bien escribía el magistrado Jordán Jiménez.

Santiago Cadena Copete: Nació en Cali, el 22 de agosto de 1917 y murió en los Estados Unidos. Abogado de la Universidad Javeriana (1944). Magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1956-1958). Juez Penal y Civil del Circuito de Cali. Magistrado de lo Contencioso Administrativo del Valle. Fiscal del H. Tribunal Superior de Cali. Profesor de Historia en el Liceo Benalcazar (1949 y años siguientes). Uno de los fundadores de la Universidad Santiago de Cali.

Antonio Saucedo Carrasquilla: Nació en Cali 1904 y murió en la misma ciudad. Obtuvo el título de Abogado en la Universidad del Rosario (1927). Juez 1º Civil Municipal de Bogotá. Magistrado de la Sala Penal (1945-1947) y Civil (1959-1969) del H. Tribunal Superior de Cali. Profesor eminente de Derecho Procesal Civil en las Universidades Libre y Santiago de Cali (1979-1983). Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia. Vale la pena memorar la siguiente reminiscencia:

“Algunos muy queridos y cercanos amigos míos (Miguel Ángel Torres Calero, José María Cordobez Domínguez), me han informado -tras las averiguaciones de rigor en nuestra ciudad-, que si bien el doctor Saucedo Carrasquilla fue un eminente magistrado del H. Tribunal Superior de Cali, nunca fue designado magistrado de la Corte Suprema de Justicia, agregando que en las hojas de vida depositadas en alguna de las universidades donde dictó cátedra, no se hacía mención a circunstancia tan honrosa. Bien que yo recordaba haber leído, sin el potente reflector de otros días, o acaso era mi imaginación, que en alguna parte se decía lo contrario. Por pura casualidad, y al buscar en el Diario Jurídico[1] un tema que me interesaba, me topé con el siguiente aviso profesional, con fecha, diciembre 17 de 1956:

Directorio Nacional Profesional

Departamento del Valle

ANTONIO SAUCEDO CARRASQUILLA.- Abogado. Ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia.- Oficinas: Edificio “Roux” (calle 12 Nº 5 – 48). Nros. 114 – 115. Piso 1º. Teléfono 44 – 43. Cali.

Este aviso fue repetido en enero 28 de 1957.

Lo cual me permite concluir, con otros datos que poseo, que ciertamente integró la Corte, probablemente la Sala Civil de Casación en interinidad, y por breve tiempo. Por tanto, a honor tenemos poder reconocer hoy su paso por la Suprema. Por cierto que en el texto publicado por la Corte Suprema Justicia, Antología jurisprudencial 120 años Corte de Casación[1] solo se relacionan los magistrados nombrados en propiedad, seguramente porque el aire que respiraron los interinos era diferente al aire que respiraban aquellos, como si fuera mejor para la salud de los primeros, ignorar a los otros, tanto, como si no hubieran prestado un servicio insigne y difícil a la patria. Y al pronto, por deber de conciencia, hay que decirlo: la responsabilidad es la misma, los deberes iguales y las obligaciones idénticas aunque a veces los magistrados en interinidad sientan correr la mal disimulada soberbia de los otros, los nombrados en propiedad, que se ofenden por su saber y por su ciencia, acabando por no entenderse, y por eso, al final, le dicen definitivamente adiós, y su nombre es olvidado sin tardanza. No en todos los casos, por supuesto, que existen excepciones, como me complazco en reconocer. No es particularmente grato que esto ocurra entre la gente de toga, pero así es. Ni una palabra más.”

Alberto Holguín Lloreda: Nació en Cali el 8 de julio de 1892 y murió el 28 de noviembre de 1979. Egresó de la Facultad de Jurisprudencia del Colegio Mayor del Rosario (1914) bajo la rectoría del presbítero Carrasquilla. Magistrado de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia (1950‑1952). Autor de numerosos poemas y sonetos publicados en el dominical del “El País” de Cali (1978) y reproducidos por la revista Occidental, dirigida por Don Jaime Fernández de Soto. Gran señor y destacada pluma.

Luis Zafra Morante: Nació en Roldanillo el 31 de agosto de 1906 y murió en Bogotá en 1981. Abogado de la Universidad Externado de Co­lombia (1941). Procurador Delegado en lo Penal ante la Corte Suprema de Justicia. Magistrado de Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1954-1956). Se hizo solo con energía sobrehumana y ejemplarizante. Su autobiografía -que en el libro se reproduce-, lo dice todo y algo más.

Primitivo Vergara Crespo: Nació en Buga, en el año de 1903 y murió en 1981. Doctor en Derecho y Ciencias Políticas en la Facultad de Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1933). Juez y Fiscal del H. Tribunal Superior de Buga. Magistrado de la Sala Penal del H. Tribunal Superior de Buga y de la Corte Suprema de Justicia (1960-1965). No obstante transitar por estas colinas de Dios, no nos fue posible recuperar más datos de su existencia para adueñarnos de él.

Luis Enrique Romero Soto: Nació en Tulúa el 24 de febrero de 1918 y murió en Cali el 14 de mayo de 2001. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia (1937 - 1942). Magistrado de la Sala Penal del H. Tribunal Superior de Cali y de la Corte Suprema de Justicia (1970-1980). Presidente de la misma (1977). Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia (1974). Rector de la Universidad Santiago de Cali y Decano de su Facultad de Derecho. Maestro en la Universidad Buenaventura y en el Externado de Colombia. Por cierto, profesor de Historia Colombiana y Cátedra Bolivariana en el Colegio de Santa Librada. Poseyó una gran cultura en la ciencia penal a la cual dio todo de sí.

Pedro Elías Serrano Abadía: Nació el 20 de noviembre de 1928 en Buenaventura y murió siendo Magistrado de la Corte Suprema de Justicia el 6 de noviembre de 1985 durante la toma del Palacio de Justicia, tremebundo y horrible crimen realizado por la guerrilla del M- 19. Estudió su carrera profesional en la Universidad Nacional (1955). Juez Penal Municipal, del Circuito y Superior de Cali. Magistrado del H. Tribunal Superior de Cali (1965-1976) y de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1976 – 1985). Presidente de la Suprema (1982). Miembro de Número de la Academia Colombiana de Jurisprudencia (1976). Se dio desde temprano al profesorado dictando clases en las Universidades Santiago de Cali y San Buenaventura. Magnífico preceptor y muy eximio intelectual y penalista. Su muerte execrable y violenta fue un duelo no solo para el Valle sino para toda Colombia.

Lisandro Martínez Zúñiga: Nació en Tulúa el 24 de julio de 1927 y murió en Bogotá el 18 de marzo de 1990. Abogado de la Universidad Javeriana (1951). Magistrado de la Sala Penal del H. Tribunal Superior de Bogotá y de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1986-1990). Presidente de la Sala Penal de Casación (1990). Excelente escritor de lima paciente y esmerada y catedrático henchido de plenitud humana. Un elogio merecido y altísimo.

Edgar Saavedra Rojas: Nació en Zarzal el 15 de agosto de 1943. Juez Penal del Circuito y Superior. Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (1968). Fiscal del Juzgado Superior del Tulúa y Juez del Circuito y Superior de Cali. Magistrado del H. Tribunal Superior de Cali y de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1986 - 1995). Fructífero publicista y destacado docente, de personalidad rotunda y concluyente. A conciencia un gran magistrado.

Dídimo Páez Velandia: Nació en Barragal, localidad cercana a Tulúa, Valle del Cauca, el 20 de diciembre de 1943. Abogado de la Universidad Externado de Colombia (1971). Magistrado del Tribunal Superior de Bogotá y de la Sala de Casación Penal (1988-1999). Presidente de la Corporación (1997). Profesor del Externado en el área del Derecho Público y Político durante muchos años. Por razones de fuerza mayor, contra su voluntad, se desvinculó de la enseñanza universitaria, no obstante su fervor y marcado amor por la instrucción. Muy lamentado fue su retiro.

Jorge Enrique Valencia Martínez: Nací en Cali un 12 de agosto de 1943. Abogado de la Universidad Externado de Colombia (1968). Juez Penal Municipal, del Circuito y Superior de Cali. Magistrado del H. Tribunal Superior de Cali (1985-1989) y de la Corte Suprema de Justicia (1988-1995). Presidente de la Sala Penal de Casación (1990). Por apego, y no por obligación, profesor Universitario. Miembro de Número de la Academia Colombiana de Jurisprudencia. En lo demás quiero decir –y lo digo-, que mis credenciales son simples: los ritos palaciegos no van conmigo, me resulta insoportable departir o frecuentar a los que quieren siempre estar con todos y con todo, y repudio, como el que más, las dobles conductas. Bien que por decir esto, lo excomulgan a uno en Colombia. Y ahora que recuerdo me combatieron en mi propia plaza, con labios coléricos y gestos inenarrables, por defender mis reglas y mi manera de ser. Pero aquí estoy en el recogimiento del día y de la noche, acariciando el aire, honrando la amistad, pensando en la vida inmortal y aprendiendo del orbe culto y docto. Hace rato renuncié -créanme que es lo mas juicioso y cuerdo que he hecho-, a entender a los hombres. Y por eso vivo descansado y estoy en paz con el mundo.

Pablo Julio Cáceres Corrales: Nació el 1 de julio de 1944 en Buga. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia (1964 - 1968). Magistrado de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (1990 - 1992). Vicepresidente de la Sala Constitucional (1991-1992). Consejero de Estado. Magistrado del Consejo Superior de la Judicatura, Sala disciplinaria. Profesor de pregrado y posgrado de la Universidad Nacional desde 1973 ininterrumpidamente hasta hoy. Jurista de nota, ha publicado una cantidad de valiosos conceptos y estudios.

Patricia Duque Sánchez: Nació en Cali, el 30 de octubre de 1951. Abogada de la Universidad Santiago de Cali (1975). Juez Penal Municipal, del Circuito y Superior de Cali. Magistrada del H. Tribunal Superior de Cali y de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia (1992). Superior en la enseñanza. Profesora en las Universidades Santiago de Cali y San Buenaventura.

Un día escribí:

“De todas suertes, y aunque el asunto esté olvidado, tendremos todos que reconocer que fue la primera mujer, que en Colombia, arribó a la Sala Penal de Casación, y lo hizo más que bien, como todos los de mi época, saben. Lástima grande que sea tan compleja y poco seria la realidad de las nominaciones y postulaciones en el sector oficial, y especialmente -porque nunca oculto mis vivencias, ni mis reservas-, las que tienen que ver con los altos destinos judiciales. Con la palabra y el sentimiento habrá que repetir con la vieja sentencia del evangelio y sin áureas palabras: que en muchas partes no están todos los que son, ni son todos los que están. Es lo mismo de siempre, pero de otro modo”.

Después de cerradas las cuentas, aquí el inventario:

1 Magistrado perteneció a la Sala de Negocios Generales, 3 a la Sala Civil, 13 a la Sala Penal y uno más a la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Este último, Consejero de Estado y Magistrado de la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura.

Con soberbia emoción término diciendo –porque el temperamento vallecaucano es desenfadado, inconforme, abierto y rebelde, como los remolinos febriles y abrumantes del viento-, que nuestro tronco tutelar -que nunca se contradice-, nos proyecta a las cosas del saber y la inteligencia, y que nuestra sangre es espíritu de fuerza y de sensibilidad que sueña con una humanidad mejor y una fraternidad más comprometida y arriesgada. Casi mejor esto que lo otro. Es la realización de nuestro destino. Y Nada hay como el rincón de esta patria.

Muchas gracias a todos.

Jorge Enrique Valencia. M.

Santiago de Cali

Noviembre 04 de 2011.

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UN HOMENAJE DE VALLECAUCANOS.

Por Armando Barona Mesa

Jorge Enrique Valencia con Armando Barona Mesa (2o. de der. a izq.) y otros asistentes

Jorge Enrique Valencia Martínez es uno de los grandes vallecaucanos que aun conservamos. Su vida ha discurrido en cuatro restringidos ambientes: la biblioteca, un juzgado que llegó a convertirse en la Corte Suprema de Justicia, la cátedra universitaria y un círculo selecto de amigos. Su oficio, alejado ya de la judicatura, es el derecho; y otro sin retribución alguna que es escribir libros. En Jorge Enrique se halla reunido un espíritu humanista y liberal que alterna con el amor a su tierra y un gran carácter.

Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, ha utilizado ese sillón honroso para resaltar los valores del Valle del Cauca y hacer públicas las grandes defensas hechas por abogados del siglo XIX, que son un verdadero aporte al foro colombiano y a los estudiosos.

Ahora acaba de salir, en una bella edición, su último libro publicado por aquella academia, que lleva por título “Dieciocho juristas del Valle del Cauca que fueron Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, su vida y sus ideas”, que es un verdadero tesoro para los amantes de la historia y del derecho. Son las vidas y una selección de sus providencia, de los grandes maestros entre los cuales se cuentan Luís Felipe Rosales Gutiérrez, Jenaro Cruz Victoria, Absalón Fernández de Soto, Salvador Iglesias Baños, Ricardo Jordán Jiménez, Santiago Cadena Copete, Luís Zafra Morante, Primitivo Vergara Crespo, Luís Enrique Romero Soto, Pedro Elías Serrano Abadía, Lisandro Martínez Zúñiga, Edgar Saavedra Rojas, Dídimo Páez Velandia, Jorge Enrique Valencia Martínez y Pablo Julio Cáceres Corrales. En el libro no está Antonio Moreno Mosquera, ese inolvidable maestro que también llegó a la Corte, por no haber nacido en el Valle del Cauca –aunque lo fue de corazón–.

No hay, por cierto, un oficio más ennoblecedor en una sociedad, que el oficio de juez o magistrado. “La sociedad os ha confiado la más sagrada de las misiones y la de mayores responsabilidades presentes y futuras que es la de administrar justicia entre los hombres”, decía el Código de Procedimiento Penal de 1938. Y quien lo desempeñe con la prudencia, la sabiduría y el estudio constante del derecho bajo la discreta luz de su gabinete, merece, como estos varones del libro, el reconocimiento de una sociedad que puede desestabilizarse y hasta corromperse en los aspectos políticos, pero se salva de su liquidación cuando existe la noble tutela de sus jueces.

Merecen cum laude el reconocimiento que hoy hace la sociedad y la Academia de Jurisprudencia a la memoria de estos vallecaucanos que vistieron la toga con honor y ofrecieron lo más selecto de sus inteligencias a la justicia.

El próximo 4 de noviembre se hará con la presencia ilustre del doctor Jorge Enrique Valencia Martínez el lanzamiento del libro en la sala de audiencias del Tribunal Superior de Cali.

Octubre 24 de 2011

Armando Barona Mesa

Abogado Penalista. Ex Senador de la República

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JORGE ENRIQUE VALENCIA MARTINEZ, GRAN JURISTA

VALLECAUCANO.

Por Gustavo Gómez Velásquez

Con antepasados famosos tanto en la ilustre ciudad de Popayán como en la siempre promisoria Santiago de Cali, nace en ésta y allí realiza sus estudios de bachillerato para luego doctorarse en la Universidad Externado de Colombia. Ha sido un perenne enamorado del derecho penal al cual le ha consagrado sus mejores dotes intelectuales, tal vez obedeciendo a la ineluctable fuerza familiar pues este núcleo constituye con sus abuelos, padres, tíos y hermanos toda una constelación de abogados de alta consideración. La judicatura y el profesorado se tienen por sus grandes y dominantes pasiones. Desde que estaba en el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, y nosotros en la Corte Suprema de Justicia, desde allí nos beneficiaba su cultura forense. Después, siendo nuestro colega en la Sala de Casación Penal, nos seguía ilustrando con su sabiduría y por último, en los ya largos años de pensionado, continuamos recibiendo sus indelebles enseñanzas. Maneja con igual soltura la legislación vernácula y la extranjera y aporta este maravilloso caudal, con gran ponderación, a la benemérita Academia Colombiana de Jurisprudencia. Todos estos sobrados méritos le han servido para no emular con nadie ni sentir malsana envidia. Vive, y con suficiencia, de su propia riqueza espiritual. En los últimos años ha sabido despedir con sus bellas notas necrológicas a un gran número de colegas. En ellos nunca ha visto defectos sino virtudes y las ha exaltado en tan magnífica forma que los agraciados no se reconocerían en sus finas biografías o quedarían abrumados por gozar de tanto valor y mérito. En esta noble tarea nos recuerda a ese gran periodista y escritor que fue don Luis Eduardo Nieto Caballero (LENC), que no dejó a nadie, amigo o adversario, sin alabar sus merecimientos. Periódicamente nos gratifica con una nueva obra, ya numerosas y todas excelentes.

Ahora, con ese siempre renovado amor por su terruño, entrega a la circulación nacional "Dieciocho juristas del Valle del Cauca que fueron Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, su vida y sus ideas". Nos consta que ha sido un trabajo laborioso de varios años consumidos tanto en encontrar datos sobre sus vidas como parte de sus escritos. El mismo se ha encargado de las anotaciones biográficas y de seleccionar el material contenido en sus sentencias. De unos tuvo un conocimiento directo y los leyó, de otros tuvo que rastrear en mil lugares con sus dotes de historiador acucioso, acertado e incansable. Guarda esta obra parentesco con la que recogió las mejores defensas penales de los más destacados abogados de nuestra patria. El doctor VALENCIA MARTINEZ, ha rescatado documentos valiosos y desconocidos que actualmente no tienen parangón en la bibliografía doméstica. Qué bella labor de desprendimiento y grandeza de alma nos muestra este gran jurista.

Sabemos todos que los muertos se retiran de los vivos, en una primera e inevitable defunción, y que al correr de pocos años, son los vivos los que se alejan de los muertos con el olvido y los desaparecen ya de modo definitivo. Pero, gracias a Dios, el profesor VALENCIA MARTINEZ, despide a los fallecidos con todos los honores y también los resucita. Qué humanitaria, desprendida y hasta ingrata tarea realiza, porque ni los propios sucesores de esos inéditos faros de luz jurídica agradecen ni estimulan. Sinceramente creemos que con el honor a espuertas que le ha dispensado al Valle del Cauca el humanista doctor VALENCIA MARTINEZ, el más emblemático de sus jurisconsultos, esa ubérrima y querida parcela de la patria está en mora de rendirle un merecido, grato y fervoroso homenaje. Confiamos en que muy pronto se llenará este vacío y se sabrá reparar tan inexplicable omisión, oportunidad que brinda de modo excepcional la publicación jurídica que con entrañable afecto y sencillez de lenguaje hemos comentado.

Octubre 25 de 2011

Gustavo Gómez Velásquez

Ex Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

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18 Juristas del Valle

Por JORGE RESTREPO POTES

Mañana viernes a las 4:00 p.m., en la Sala de Audiencias del Tribunal Su­perior de Cali que ocupa el bello edi­ficio de la Plaza de Caycedo, tendrá lugar el lanzamiento del libro 'Dieciocho juristas del Valle del Cauca' que fueron magistrados de la Corte Su­prema de Justicia -su vida y sus ideas-, del que es autor el ilustre abogado caleño Jorge Enrique Valencia Mar­tínez.

Tengo por el autor de esta obra un afecto profundo, en buena parte fruto de la herencia, pues mi padre Federico Restrepo White fue amigo íntimo del doctor Hernando Valencia Cifuentes, al punto de oficiar de padrino de bautismo de su hijo Jorge Enrique, hecho que vine a saber por boca de este cuando tuve la fortuna de ingresar al círculo de sus amistades. La política fue uno de los vínculos que unieron a nuestros padres, los dos fogosos li­berales y destacados dirigentes de su partido, que coincidieron cuando fue­ron diputados a la Asamblea Depar­tamental, ambos muy jóvenes a la sa­zón.

Otra circunstancia que me une a Valencia Martínez es que él y yo re­cibimos nuestro título de abogados de la Universidad Externado de Colombia, que crea en sus egresados una especie de hermandad que gira en torno de la figura cimera de Fernando Hinestroza, su rector desde 1963, y que infunde en todos el orgullo de haber cursado la carrera en ese bastión de la libertad, que fue fundado en 1886 precisamente para poner una barrera a la educación confesional impuesta por la Regene­ración de Rafael Núñez.

Con el diploma en la mano, Valencia Martínez inicia una fecunda vida al servicio de la justicia: juez civil en varios despachos, magistrado del Tri­bunal Superior de Cali, y por último magistrado de la Corte Suprema de Justicia, de donde se retiró jubilado para dedicarse al ejercicio profesional y a la docencia. Hoy es miembro de la Academia Colombiana de Jurispruden­cia y profesor de la Universidad Santo Tomás.

El libro que ahora es tema de esta columna no debe faltar en la biblioteca de ningún abogado vallecaucano, pues en él, de mano maestra, se trazan las semblanzas de dieciocho ilustres ju­ristas que honraron la Corte Suprema de Justicia en diferentes épocas, y, ade­más, se incluyen las sentencias más destacadas de las que fueron ponentes.

Por sus páginas desfilan Luis Felipe Rosales Gutiérrez, Jenaro Cruz Vic­toria, Absalón Fernández de Soto, Sal­vador Iglesias Baños, Ricardo Jordán Jiménez, Santiago Cadena Copete, An­tonio Saucedo Carrasquilla, Alberto Holguín Lloreda, Luis Zafra Morante, Primitivo Vergara Crespo, Luis Enrique Romero Soto, Pedro Elías Serrano Aba­día, Lisandro Martínez Zúñiga, Edgar Saavedra Rojas, Dídimo Páez Velandia, Jorge Enrique Valencia Martínez, Pablo Julio Cáceres Corrales y Patricia Duque Sánchez, que constituyen lo que yo, poéticamente, podría llamar el parnaso de la jurisprudencia en nuestra región, y que nos hace ver que esas señeras personalidades dedicaron las luces de su inteligencia a interpretar y aplicar la ley de manera sabia.

Registro complacido como tulueño que en esta lista aparecen cuatro pai­sanos que enaltecen el solar nativo.

Gran servicio le presta Jorge Enrique Valencia Martínez a su tierra natal con la publicación de este libro. Como ami­go, como colega y en nombre de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad Externado de Colombia, que presido, le expreso mi satisfacción por contar con alguien de su estatura intelectual.

JORGE RESTREPO POTES

Zona franca, El País de Cali, Nov. 3, 2011, http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/jorge-restrepo-potes/18-juristas-del-valle y http://www.elpais.com.co/elpais/edicion_impresa/bb2d45e231d1da742fd1baefb0507296/elpais-Noviembre-03-de-2011.php pag A11.

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FOTOGRAFÍAS DEL EVENTO. NTC ... ÁLBUM

Jorge Enrique Valencia Martínez. Presentó nuevo libro. Cali, Nov. 4, 2011

https://picasaweb.google.com/111515077843964359836/JorgeEnriqueValenciaMartinezPresentoNuevoLibroCaliNov42011#

Fotografías y multimedia: María Isabel Casas R. , de NTC …

Una de las fotografías

Parte de la Mesa Principal

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JORGE ENRIQUE VALENCIA

Páginas autobiográficas. (Tomadas del libro)

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Siguen las páginas hasta la 550 con relación de obras, condecoraciones y producción intelectual.

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PRÓXIMAMENTE: OTROS TEXTOS; AUDIOS y ENLACES....

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Nuestro registro e invitación al evento en NTC ... Agendas

En: http://ntc-agenda.blogspot.com/2011_10_23_archive.html (23 DE OCTUBRE DE 2011)

Y en : http://ntc-agenda.blogspot.com/2011_10_30_archive.html (30 DE OCTUBRE DE 2011)


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